Hace tres años, una empresa mediana firmó una financiación con un sindicato de bancos. El contrato le impone un ratio de deuda neta sobre EBITDA inferior a un umbral, que se comprueba en cada cierre semestral, y un certificado que entregar en un plazo de cuatro meses. Dos adendas han modificado la definición de EBITDA aplicable. Una adquisición ha añadido un segundo contrato, con sus propios ratios y sus propias definiciones.
Nadie relee estos documentos entre dos cierres. El día en que el ratio se acerca al umbral, la dirección financiera lo descubre al mismo tiempo que sus prestamistas.

Qué contienen los contratos
Un contrato de financiación de empresa reúne varias familias de compromisos:
- ratios financieros: apalancamiento, cobertura de gastos financieros, fondos propios mínimos, límite de inversiones;
- obligaciones de información: cuentas que se deben remitir, certificados de cumplimiento de los ratios, plazos de entrega;
- compromisos de hacer o no hacer: límites de endeudamiento adicional, de venta de activos, de reparto de dividendos;
- cláusulas de cambio de control y supuestos de vencimiento anticipado.
Cada ratio tiene su propia definición contractual, a menudo distinta de los agregados contables habituales: un EBITDA ajustado por ciertas partidas, una deuda neta que incluye o no los alquileres. Esta definición es la que prevalece, y puede cambiar con cada adenda.
Qué hace el sistema
El sistema lee los contratos de financiación y sus adendas en su versión firmada. Además:
- extrae cada compromiso, su definición, su umbral, su fecha de comprobación y la obligación de información que lo acompaña;
- aplica la última versión de cada definición, adendas incluidas;
- recalcula los ratios en cada cierre, a partir de las cuentas reales de la entidad;
- proyecta su trayectoria en las próximas fechas de comprobación, a partir del presupuesto o de la previsión de tesorería;
- señala los ratios que se acercan a un umbral y los próximos vencimientos de información.
El control: cada cifra remite a su cláusula
Un segundo sistema, distinto del que ha realizado el cálculo, controla cada ratio antes de que llegue a la dirección financiera:
- cada ratio remite a la cláusula que lo define, en la versión vigente del contrato;
- cada componente del cálculo remite a las partidas contables que lo alimentan;
- una definición contractual ambigua se señala para que se decida, en lugar de resolverse en silencio;
- dos contratos que definen de forma distinta el mismo agregado se presentan uno al lado del otro.
Así, el director financiero puede mostrar a sus prestamistas, o a su auditor de cuentas, cómo se ha obtenido cada ratio.
Qué sigue siendo competencia de la dirección financiera
El sistema calcula y avisa. Las decisiones posteriores corresponden a la dirección: renegociar un umbral, solicitar una dispensa, ajustar una inversión, anticipar una conversación con los bancos. La interpretación jurídica de una cláusula discutida corresponde a sus asesores.
Por dónde empezar
Hacen falta:
- los contratos de financiación y sus adendas, en su versión firmada;
- las cuentas de los últimos ejercicios y de los últimos cierres;
- el presupuesto o la previsión de tesorería, para la proyección;
- una persona de la dirección financiera, para validar las primeras extracciones.
El sistema trabaja con estos documentos, sin conectarse a la contabilidad. El resultado se mide por el plazo entre el momento en que un ratio empieza a desviarse y aquel en que la dirección financiera lo ve, y por el tiempo dedicado a preparar los certificados.
Los demás usos de la IA en finanzas, y un escenario detallado, se describen en la página L’IA pour les directions financières, sociétés de gestion et cabinets de conseil.